lunes, 27 de junio de 2011

Me lo dijo un pajarito...




Lo sé, doctora. El mundo entero dice que es una necedad. La ambivalencia es un arma filosa. Entre la capacidad de ser ambas cosas, o camuflarse entre las hojas, mostrando un pefil u otro según convenga, la polaridad, el altibajo y las frecuencias altas, me quedo enmedio. Y no vuelo más bajo tierra. No navego el cielo ni repto entre los árboles. Mamífero triste. ¿Es que nadie ha entendido que perdí el carnet de identidad?

¿Le gustan las aves, doctora? Le pregunto porque desde hace algunos meses, hay un ave exótica que me visita. Llega de imprevisto y se posa en la rama más fina del fresno que resguarda la ventana de mi habitación. Una visita rápida, sin pormenores. O así era al principio.

Siempre he sabido que las aves son inalcanzables. No importa qué tan libres o enjauladas estén, ellas siempre se sentirán libres y plácidas de hacer y decir lo que quieran. Ahí tenemos al loro, una apología alarmante de un animal que repite las mismas palabras sin sentido aparente. Se burla de nosotros, el loro. Nos escupe en la cara nuestra propia inchoerencia. La mecánica del ruido vacío, del discurso humano. Se ríe de nosotros, el loro.

¿O qué me dice la de cacatúa, o del guacamayo? El contraste en el plumaje de las aves tropicales, el estruendo con el que manifiestan una voz natural de rumores selváticos. “Que todo mundo sepa” es su premisa. Que nadie se quede sin enterarse. Otra alegoría ornitológica del natural humano.

Así tambien tenemos a la urraca, sombra fúnebre del misterio que rebusca escalofríos. Estridencia grave, desconcierto gutural. Me pregunto de qué bestia mitológica surge aquel aullido de bosque nocturno. De qué garganta reverberan los temores que la urraca vomita en el aire.

Y la lechuza. Dama elegante. Burguesía esteta de altos perfiles. Mirada fija, murmullo breve. Es de pocas palabras la lechuza. Su discurso se basa en la resonancia pulcra que surge despues de sus monosílabicos parlamentos. Astuta, calculadora, altiva y sigilosa. Criatura fina de mortiferas garras.

Y así podría pasar largo tiempo, discurriendo sobre el aviario en el que vivimos ahora. Pero mi punto no era ese. El punto en sí, es que hay un ave exótica que viene todos los días a mi ventana y me canta cosas que no comprendo.

O eso quiero pensar, doctora. Porque el otro día me dió la impresión de que algo me dijo. Fuera de toda lírica, dejando de lado las suaves notas que alegraban mis mañanas o arrullaban mis noches (según la hora a la que me visite), y estando yo en el umbral del sueño primero, escuché su canto, percatándome de cómo las finas notas se transformaban progersivamente en poemas ligeros, pero de contundente verdad.

No soy capaz de recordarlo todo, pero aún tengo fragmentos vivos, algo como este que apenas al despertar, transcribí:


In illo tempore

La tierra era virgen
y el mar no era sal

In illo tempore
El hombre-canción.
La danza y la lluvia
sin pie y sin estampa

In illo tempore
Rugidos de tigre
y agujas de abeto

In illo tempore
Sin guerra. Sin dios.

In illo tempore,
la brisa azulada
de blancos altares.

In illo tempore
Vapor animal
y sudor en las flores

In illo tempore
murmullo de faunos,
mirada de cuevas

In illo tempore
Semilla de trueno
arena y calor.

In illo tempore
La muerte camina.
La vida resuena.
La salvia germina

La carne sin ruina
la miel sin amor

Del arból de olvido
soy fiel trovador




Y bueno... ¿Qué piensa usted de todo lo que acabo de contarle, doctora? ¿Será que aquél pájaro ha comenzado a contarme secretos que nadie conoce? ¿Acaso tengo el privilegio de ser el receptor de algun mensaje? ¿Es que debo comunicar y difundir todo esto, o debo conservarlo para mí, como quien guarda un tesoro por nadie conocido?

“No lo sé, señor T. Pero lo que dice no parece tener mucho sentido. No es muy común que la gente comience a divulgar cosas como que un pájaro le cuenta cosas mientras duerme. Una cosa es la imaginación y las impresiones del ensueño, pero su caso va más allá de todo eso. Si le parece pertinente, aumentaré la dosis de su medicamento. Probablemente no estamos trabajando como debiéramos..."

Si, doctora... también lo había pensado.

miércoles, 22 de junio de 2011

Saudachi, voyeur et costombri




Son las últimas páginas de esta libreta. Y yo no sé. Me quedo pensando...


Hoy me acordé de vos. Y de que no sé exactamente lo que tu recuerdo me provoca.

Me hace sentir fuera de contexto. Nada. Cosas que no terminé de entender.
Ni de vos, ni de la situación, ni de mí.

Cuando el panorama se abre tanto como el corazón, se corre el riesgo de quedar sin referencias.
Hoy es el primer día del invierno. Y es raro porque de repente hago o pienso cosas relacionadas a ti, pero de manera inconsciente. Automática.

Como esperando, pero sin querer esperar. 
Hoy más que otros días estoy seguro de que no volveremos a vernos.

Y mientras yo trato de suplantarte con alguien más, o me pongo a prueba, tratando de demostrarme que no necesito estar con alguien para sentirme bien,el misterio acerca de tu paradero tus decisiones y actividades me deja sin armas.

Porque nunca pude predecirte. Y eso me hace pensar que no te conocía realmente.
Porque no tendrás el valor de recuperarme. Y porque de todas formas no lo conseguirías.

Supongo que sigues carcomiéndote la vida, arrancándotela con los dientes.
O que volviste a la clase de gimnasia.
Que invocaste al poroso fantasma de algún amante de antaño.

O quizá tu vida sigue igual.
Fumando en la cama.
Durmiendo tarde.
Poniendo la toalla en el piso cuando sales de la ducha…

A veces, ya no tanto, pero aún de repente siento mucha curiosidad por saber en dónde estás.
Si te sigues riendo de las mismas cosas, o que estarás haciendo con esa cámara que recién te compraste.
Me pregunto cómo te sientes ahora.

Yo quiero imaginar que reaccionaste, y que tienes la intención de recuperar tu vida.
Es lo que más me gustaría. De verdad. Me pondría contento si un día ten encontrara caminando por las calles melancólicas de esta diminuta ciudad.
Primero moriría de un infarto. Pero el saberte bien me haría recuperar el aliento.

Yo soy débil. Así que no voy a buscarte.
El peso de una responsabilidad que puede sustentarse sólo en la curiosidad del afecto me podría hacer perder el piso aún a estas alturas.

Quisiera verte sin que lo supieras.
Sólo para ver cuánto has cambiado después de tanto.
Sólo por mirarte de lejos.
Mirar y no tocar.
Es solo por saber.
Y no hay nada más que eso.


Fotografía: Linda Plata Cervantes

lunes, 20 de junio de 2011

PLAGIOS Y PRESAGIOS...


Pensamos las mismas cosas, al mismo tiempo.
Y nada podemos hacer acerca de eso.

Pensamos las mismas cosas, al mismo tiempo. 
Y hay demasiado de nosotros como para que pretendas cuantificarlo.
  

Thom Yorke. Harrowdown Hill             
    

sábado, 18 de junio de 2011

"Hearthquake" at Devotion Village (o sobre cómo todo lo que sube, tiene qué bajar)



...no es eso lo que me molesta. Son tus actitudes lo que ya no soporto, argumentó Ramón, con ese tono que tiempo antes a Esteban solía corroerle hasta el mismísimo tuétano. Esa actitud de ataque espinoso, ya preparado para asestar el segundo golpe, que vendría tras la respuesta del acongojado Esteban.

Pero esa vez no fue así. Esteban dijo no importa, lo mejor de todo es que hoy mismo me voy. Se comió los golpes que Ramón se merecía y simplemente le dijo que ambos estaban tensos por convivir tantos días juntos. Que les iba a venir bien que él por fin hubiera encontrado casa, y que eso iba a cambiar las cosas.

Y esa respuesta desarmó a Ramón. La actitud serena de Esteban lo atemorizó tanto que el miedo se le anudó en la garganta, y apenas pudo decir no sé, lleno de sarcasmo e incertidumbre. Esteban dijo ya verás que todo será diferente. Es todo esto de compartir depto lo que nos tiene tensos.

Entonces Ramón entró en pánico. Se sentó sobre la cama, observando cómo su ex novio, ex amigo, ex amante, ex algo que no era nada pero que al final sí era (y era todo), comenzaba a juntar los jeans, los pares de zapatillas, el desodorante y los libros, metiéndolos con cierta prisa, pero sin señal de alteración a la maleta verde. Ramón bajó la mirada como un niño que sabe que hizo algo malo, pero que no dirá ni hará nada hasta que el otro reaccione. Era un licuado, mezcla de resignación con orgullo, con angustia, con tristeza y con altos grados de culpa.

Por su parte, Esteban era un edificio de departamentos sometido a una sacudida de nueve grados en la escala de Richter con epicentro cardíaco. Toda la estructura interna, la intangible, estaba fracturándosele muy aceleradamente. La onda expansiva no había llegado a los ojos siquiera, pero no podía darse el lujo de tardarse demasiado en empacar sus cosas. Un temblor en la voz, una mano tirando algo, o una mirada fija podían derrumbarlo en cualquier momento.

Mantuvo entonces la compostura. Le dijo bajas a abrirme a Ramón, y él le dijo que sí con la cabeza, sin emitir sonido alguno. Bajaron los 8 pisos por el elevador. Sin mirarse. Los dos con las palabras contenidas entre los dientes, tratando todas ellas de escaparse por los labios para que no se separasen. Para reclamar, o gritar, o reprochar, o herir o cualquier cosa. Ambos descendieron muy al fondo. Hasta el mero silencio de la Planta Baja.

Esteban dijo gracias por el alojamiento, y por todo. Ramón dijo no me des las gracias. Esteban dijo hablamos. Ramón no contestó, pero le dijo adiós con la mirada. Esteban salió rápido, caminando sobre la avenida, jalando la maleta lo más rápido posible, sin pensar en nada. Sin saber si volverían a verse.

Con el ánima entumecida y la cabeza evaporada, pasó frente al parque y decidió adentrarse un poco. Luego se sentó en una banca y lloró más lágrimas que Hernán Cortés cuando la noche triste.


viernes, 27 de mayo de 2011

Defunciones a Funciones. De cosas que no funcionaron, que dejaron de funcionar, y algo sobre los cuerpos de pintura.




Hoy celebro.
La gloria del arbusto hùmedo por la mañana.
Las ganas de sonreír, aunque siga teniendo que forzarme un poco.
Más forzado sería llorar. Sobre todo cuando es el vacío quien agoniza.

Globo de gas helio, burbuja creciente.
Una bala en centro, y el vacío fue llenándose.
Llenándose de cosas. De caras. De recuerdos.
Vaciar el vacío y llenarlo de uno. De piel y de sangre.

Desalojar la habitación.
Arrancarte las raíces, flor marchita.

Un zumbido de silencio.
Brillo hueco. Calambre y shock.

Baños de fuego.
Sacudidas y viajes transecuatoriales.
No termino de recuperar el equilibrio.

Te fuiste
Corrunus quedó huérfano.
Pero tú también te fuiste.
Se secó nuestro charco.
Y te fuiste.


¡¡Y LA REMIL PUTA QUE TE REMIL PARIÓ!!


PORQUE TE FUISTE


¿POR QUÉ  TE FUISTE?


Y las lágrimas no alcanzan.
Y los aullidos no suenan.
Y las lunas llenas me importan un bledo.

Y te extraño.
Y te desprecio.
De vos nada más quiero saber.

Y no te vas
Y recurres, con arrepentimiento disfrazado de altivez.
Y no me miras a los ojos.

Porque te fuiste.
Porque no estás.
Porque estuviste.

Pero te fuiste.

Y te grito y te sangro.
Te transpiro, te escupo.
Te pienso. Te huelo.
Te recuerdo y no te olvido al mismo tiempo.

Sos el Fantasma de un vivo.

El cuadro pintado de un conejo sin Luna.
¿Ya dije que me importa un bledo la Luna?

Bloody. Rojo sangre.
Remolino azul con blanco.
Líneas negras como cabellos largos.

El lienzo de sabanas con dos cuerpos de pintura.
Siempre pintamos dos cuadros distintos.
Nunca pintamos uno entre los dos.

Ni lo haremos.
Porque te Fuiste.

Porque no vuelves más.
Porque te fuiste.
¿Por qué chingados te fuiste?

Porque no vas a volver.

Y ahora es cuando rompo el globo.
Cuando disparo mi flecha sagitaria.

Porque finges.
Porque engañas.
Porque ocultas.

Pero eso no es nada.
No es nada de nada.

Porque yo miento.
Miento como nunca.
Y te acuso. Te recrimino.

Porque después de todo no te fuiste.
He sido yo quien se fue.

...
...

Muerto ya.
En el umbral soy espectro.
Desconcertado y ligero.
Ciego.

Vacío.

Funerales.
El día de hoy fue de funerales.

Mañana, cuando me despierte
y el sol me escupa en la cara
rayos de luz con jugo de naranja...

Mañana tu retrato me dirá lo que tengo que hacer con él.
Cuál será su destino. Yo no voy a decidirlo.

Por mi parte te digo "respira",
Tene el valor y cortame de vos.
Ya estoy gangrenado.


Suerte y chau.

Te perdono.
Me perdonas

Y GUT BAI


** Pintura: Quería ser un pájaro. Leonora Carrington (1917-2011)



lunes, 23 de mayo de 2011

Me, Leo Plata



Ensueño y música para dormir.
Tan hartos estamos de la falsa sonrisa. 
De la charla perfecta. 
Del hastío del cálculo. 
Pensar en centímetros es aterrador.

Dos de la mañana.
Luces láser.
Arrogancia y búsqueda de perfección.
Volumen tan alto que no te deja pensar.
 
¿Y para qué quiere uno pensar?
Si la idea es divertirse.
 
No recordar lo que ya no tenemos,
ni predecir cómo vamos a sentirnos mañana.

Delirios etílicos en el menor de los casos.
Ojos clavados en partes de cuerpos de personas incompletas.
De pibes y minitas vacías. 

Hermosísimos todos.

Fachadas nuevas. Remodeladas. Perfectas.
Pintura vinílica en paredes de habitaciones derruidas,

Húmedos y abandonados.


Buenos Aires es como todas las ciudades…


jueves, 17 de marzo de 2011

Reflets


"...Es entonces cuando el protagonista confirma, con el aplomo certero e irrevocable y con las pruebas que excederían en suficiencia, hasta al más ciego y cerrado de los hombres escépticos.
 
La certeza.  La conmoción ante el descubrimiento máximo.

El hecho de verse rodeado de espejos le provocó tal conmoción, que casi no puede contenerse dentro de sí mismo cuando se percata, con reducida posterioridad, de que no aparecía reflejado en todos ellos, sino que, coronando la experiencia, su imagen solo se proyectaba en los espejos más limpios, los más brillantes y más grandes.

La maravilla del mundo. La misma gente, los colores y las cosas. Todo lo que él consideraba alucinante y elevado, no era otra cosa que su propio reflejo. 
 
Después le vino el calambre pecho adentro. Como señal de alerta y sutil advertencia. Era la premonición de lo grande, aquello de lo que tanto había escuchado. "Así es como se siente", concluyó al mismo tiempo que una sonrisa contenida se le dibujaba de la boca para adentro. Y aún un poco mas abajo.



domingo, 20 de febrero de 2011

Sin voz. Sin vos. Y sin ti.


Tiempo sin tiempo con tiempo mal tiempo y adiós.
Tiempo con tiempo del tiempo a destiempo.
A tiempo y sin mí.
 
Tiempo contratiempo.
No tienes tiempo.
No tengo tiempo.

Ni tú ni yo.
Ni tú tampoco.

Y allá, más lejos.
Y aquì tan cerca.
Tampoco menos.

No quiero tiempo.
No quieres tiempo.

El tiempo sobra.
El tiempo mata.
El tiempo ahoga.

Porque el tiempo lacera, determina.
Condena. Sacude. Marchita y derrota.

Sin tiempo no haces nada.
Con tiempo no sabes qué hacer.

Vivir sin tiempo es estar contigo.
Amar con tiempo es morir sin ti.

También sin vos.

Y también…

También without you
Amar con tiempo. Sentir destiempo.
Correr contra el tiempo.
 

Esperar.
Morir sentado.
Aguardo a que pases frente a mi.
    
  Y me sonrías.
 

  Es lo que todo el mundo hace.

    
  Perdón.
  Pero me has confundido.

  Antes me parto sin piel.
  Antes me saco el cuerpo de encima.
  Antes de todo, me quito las ganas,

  Los anhelos y el tiempo.
  Al carajo con el tiempo.
  A la mierda, a la chingada.
  Fuck off the time.

  Yo no te espero.

  No tengo un reloj encadenado en la muñeca.
  No tengo un tic tac. Ni una alarma electrónica.
  Nisiquiera un calendario...

  Yo digo cuando,
  yo digo cómo
  y yo digo dónde.

  Es lo mejor para mi,   

  Para ti,
  For you
              
  Y para vos también.

   

  NO ME ESPEREN.

 
  Que de tanta espera
  En las manos. Enjutos y esclavos.
  Del tiempo a destiempo.

   
 Uno se desvanece.

 
 No me esperen.
 NO me esperen.


 

   NO ME ESPEREN.

 

 
 *Imagen: Nebulosa del Reloj de Arena


 

lunes, 24 de enero de 2011

¿Y de vos?...

J.T. "¿Y de Vos?"
técnica mixta sobre papel
diciembre 2010

lunes, 17 de enero de 2011

lunes, 10 de enero de 2011

Unleash, Unleash... UNLEASH!!!



Jonathan Téllez. Dämon Liebe (Amor/Demonio)
Técnica mixta sobre papel
enero, 2011

sábado, 1 de enero de 2011

Muerte y Resurección en un Abrir y Cerrar de Puertas


Recibí el año nuevo con champagne en un jacuzzi. Dejé a los muertos dormidos en el 2010 sin decirles adiós. Bah, que sí me despedí de ellos, pero mientras tenían la guardia baja, así que no se dieron cuenta cuando les besé la frente por última vez. Chau queridos, no me sirven más. Chau amados. La verdad es que me estorban. Me impiden seguir avanzando.

Mi fin/inicio de año estuvo a punto de ser drásticamente modificado por una eventualidad relacionada con un puerta cerrada que aparentemente no iba a poder abrirse. No pudo ser más metafórico. Yo avivaba las brasas del asado, tratando de no pensar en esa puerta cerrada. Algo tenía qué suceder. Era fin de año. Y era un pésimo augurio cerrarlo con una puerta ídem.

 Finalmente la puerta se abrió. Fue pocos minutos antes de que terminara el 2010. Yo mantuve la fe. Antes de aportar mi dosis de pesimismo y de generar un clima mala onda, decidí enfocarme en encender el fuego. Soy bueno encendiendo fuegos. Ayer lo descubrí.

Simbólicamente hablando, el hecho de poder abrir esa puerta para mí fue la representación del acceder, de tener la posibilidad y la capacidad de recibir todo lo que pudiera venir de hoy en adelante. Fue como poner las manos palmas arriba y dejar que sucediera lo que tuviera qué ser. Vaya que soy cursi, pero a estas alturas ya no puedo renegar de mi condición.
De ahí en más, no hubo sino cosas buenas durante toda la noche. Champagne y buenos deseos. Abrazos brasileños, abrazos argentinos. Mensajes de texto por doquier. Feliz año. Te quiero. Qué linda te ves de rojo. Qué linda te ves de blanco. Qué simpático el hincha de bahía. Gracias por enseñarme a bailar, soy pésimo con eso. Cachaza en el fogón para avivar la llama. Fotos por doquier. Espectáculo de fuegos pirotécnicos en todo el cielo. 2011. Buenos Aires. Reset con nostalgia previa. Incertidumbre de lo que pasa en adelante. Gritos, fanfarrias en el pecho.
Este año se viene la grande. Big Tsunami mezclándoseme piel dentro. Y piel afuera también. Porque en el fondo todos sabemos que nos va a ir mucho mejor esta vez. Y no porque nos haya ido mal el recién fallecido año, sino porque se siente. Se le nota en la cara a la gente cuando hablas con ella. Pareciera que todos son conscientes de que ya no queda mucho tiempo, y en vez de presionarse, solo quieren disfrutarlo. Me alegra porque es contagioso.
¿Más champagne? Sí, por favor. Que se me suban las burbujas. Ya hay demasiada efervescencia, pero no me importa. Quiero que esto explote. Quiero que todos ustedes exploten conmigo. Vengan a la terraza. El cielo está increíble. Che, brasilera, anda encendiendo el jacuzzi. ¿Vamos abajo? ¡Uy! No sabía que estaban a solas. Quédense tranquilos, que yo me voy para arriba.
¡¡Globos de Cantoya!! En ese departamento alguien está liberando globos de Cantoya. Mirá que lindos. Si gracias, ya me sirvo. No la conocía, ¿Cómo dices que se llama? Ah, de mandioca. Y, sabe buena, me ha gustado. Gracias por esta noche. Gracias de verdad… y más champagne, por favor…

No es que sea necesariamente cierto todo lo que voy a decir. Pero me gusta este final: Aún sigo sin acostumbrarme al blackout que me invade cuando rebaso algún específico límite etílico. Me siento completamente bien. Ebrio por supuesto, pero lúcido, coherente y feliz. Todavía no detecto la medida, pero existe un momento en el que desaparezco para convertirme en otra persona. De ahí en adelante, mi cabeza no recuerda nada. Y es extraño porque me comporto distinto, pero no mal, no incomodo, No mala copa. Más relajado, me dicen. No es que sea un desfachatado, pero ya me lo hizo notar la psicóloga. Hay una parte escondida de mí que solo sale cuando estoy con la guardia lo suficientemente baja como para darme cuenta. El tema es que mi memoria no lo registra.

Así las cosas, desperté solo, en calzoncillos, en una de las camas del departamento. Con un sabor amarguísimo de burbujas rancias, un dolor de cabeza fatal y el cabello húmedo, con un leve olor a cloro. Bonita manera de recibir el año. Mi primer blackout del 2011. Supongo que no va a ser el último.  Feliz año para todos  :)




Fotografía: David LaChapelle + Britanny Murphy


martes, 28 de diciembre de 2010

HOY TE ENVIÉ FLORES

Para que sepas que soy consciente de mis actos equivocados, de mis pulsiones inmaduras, y de mi neurosis ebulliscente.

De mi amnesia instantánea 
De mi ceguera recurrente.
De mis calambres cardíacos. 
De mi dolor físico por actos reflejos emocionalmente enraízados.

Para que sepas cuán podrido puedo estar cuando pierdo el juicio y me dejo llevar por la adicción que tengo de la boca que llevas bajo la nariz.

Descontrol. Te he mandado flores en un acto desesperado de descontrol.

Para solventar el camino a una pronta reconciliación. Para que las cosas vuelvan a ser, pero no como eran antes.

Te he mandado flores porque nadie puede verlas con desdén. Son un remedio infalible para ahuyentar los rencores, la falta de cordura, y para calentar el alma.

Te he mandado flores porque soy ridículo. Porque el desconcierto y la duda que sorprendió tu cara cuando las recibiste es mil veces mejor que un desaire de ojos que reptan hacia otro lado que no es en donde yo me encuentro.

Te he mandado flores porque me siento mal conmigo, pero aún me siento peor contigo.

Te ha mandado flores para recordarte que existo, y que nadie jamás va a volver a hacerlo.


Y por úlitmo: te he mandado flores para disculparme por lo que hice. 


Aunque nadie habló jamás de arrepentimiento,
hubiera preferido no tener qué explicartelo... 



pero vos me lo preguntaste: 

 "¿Qué fué lo de hoy?"




*Fotografía: Andrés Serrano "America" (Ken Cox set designer)

lunes, 27 de diciembre de 2010

Epístola No. 3: Identidad. Pasados Perdidos. Árboles y Monstruos.


No sé si me gusta la idea de que evoques algo que perdiste o que de alguna forma no tienes más contigo. Finalmente todas las ideas e impresiones que plasmaste en ese libro, lo verdadero, lo esencial, supongo que lo incorporaste a ti mismo, y lo llevas impregnado como código genético. Es como me decía un amigo argentino hace un tiempo, sobre los pocos rasgos "mexicanos" que veía en mí.

Le dije que no me pasaba la vida hablando palabras con "ch". Y que tampoco escuchaba mariachis en casa, ni que me la pasaba diciendo "pinche cabrón". Es más, tampoco estoy acostumbrado a beber mucho tequila ni a comer demasiado picante. Le sorprende que hable en "castellano neutro" como suelen denominar a las personas que hablan un español sin acento. A mi mamá le preocupa que no festeje navidad (la pasé solo en casa) y que el día de la independencia no use algún distintivo tricolor ni ponga una ofrenda el 02 de noviembre.

A pesar de eso, a estas alturas, me parece que soy más mexicano que muchos . Me he procurado erradicar las cosas que me estorban de la idiosincrasia nacional (en la medida de lo posible y hasta donde soy consciente), así como de conservar las cosas que me parece, nos distinguen y caracterizan como mexicanos. Igual no está de más aclararte que esta "selección" de características ocurre sobre la capa más superficial del asunto. Porque a México uno lo trae impregnado en la sangre, configurado con la tierra, las costumbres y la genética. Con años de comer mucho maíz y con la herencia espiritual del territorio y de los ancestros. Eso es ser mexicano para mí. Me guste o no, como premio o penitencia uno acepta o no vivir en esa condición.

Pero basta de ser patriótico. Antes de ser mexicano, soy cualquier otra cosa.

Va a sonar una barbaridad lo que voy a decirte, comparado con lo que te sucedió a ti y a la perdida de tu libro, pero hace una semana me robaron mi iPod. 60 Giga bites de textos, proyectos de la facultad, fotografías, dibujos escaneados, cartas, conversaciones de msn, y mucha, mucha música. La información de dos computadoras, más la nueva que recién obtuve, se perdieron ahí. Como 10 años.
.
.
¿Quien soy yo y quién el monstruo?


 .
Sucede que de pronto no soy capaz de hacer conciencia de lo que perdí. Primero porque resulta fatal anímicamente saber que desaparecieron tantos vehículos al pasado. En cierto sentido me quedé sin máquina del tiempo. Pero por otra parte, tengo la memoria, la verdadera memoria. Los tatuajes internos de todo eso que percibí, sentí y pensé cuando produje todo lo que escribí, las fotos que tomé y las charlas con gente que en su mayoría, ahora son fantasmas. Todo eso ya quedó guardado. Ya lo asimilé, tal y como lo hacen las plantas que ahora son más grandes gracias a esos nutrientes. Seguro que en algunas células todavía traigo mucha de esa euforia. Y flashes de momentos con sol y agua. Y dramas románticos de post adolescencia. Qué sé yo. Se borró el pasado en formato digital. Pero el extracto lo sigo trayendo conmigo. O por lo menos eso quiero suponer.

También me he sentido más ligero. Después de asimilar la desaparición de todo eso, me percaté de que me había librado de una especie de miedo relacionado justamente con el hecho perder todo ese pasado. En cierto sentido me pesaba un poco cargar con tanta vida podrida (podrida por vieja, por descomposición natural, no lo digo en un sentido despectivo, aunque tampoco la considero necesariamente saludable), pero no me daba cuenta.

Y ahora, que podría putear (o mentar madres, en español mexicano) por haber perdido esto, como que agacho la cabeza y agradezco discretamente. A pesar de mi testarudez, hay algo que siempre me quita de enfrente lo que ya no necesito. Un filo que me corta las ramas que comienzan a secárseme. Siempre es tan abrupto. Tan "de un día para otro". Pero creo que mi proceso siempre es así. Y parece que me estoy acostumbrando y que, inclusive, quizá yo mismo soy quien lo propicia. Algún placer oculto dentro de la amputación de retoños gangrenados. Hay algo que me fascina de todo eso. Y lo mejor es que siempre termino limpio. Más claro y con la posibilidad de hacerme crecer otra rama. Duele un poco. Y suena trillado, pero hay cierto placer en un poco de dolor. Es muy cierto.

Bueno, me colgué con otra cosa. No recuerdo haberte hablado de mi llegada a BsAs. Pero si quieres te describo algo. ahora no porque estoy con otros asuntos. Pero por la tarde, seguro que me hago un tiempo. Sólo te adelanto que me he vuelto un monstruo impulsivo. Que hay sentimientos que me corroen y que todo ha subido de tono. Lo sublime me rebasa y lo mundano me orilla a atrocidades.

Lo último no está bueno porque en mi estampida emocional termino arrollando a unos cuantos. Casi siempre a los que más quiero. Lo estoy trabajando. Trato de no bautizar esta actitud con algún prejuicio rancio e inútil. No quiero propiciar la culpa, pero tengo qué aprender, ya sea a canalizar esta ira marciana de tintes destructivos, o a advertirle a la gente que quiero, el hecho de que puedo, que de hecho voy a lastimarla.

Y que cada uno decida si sigue merodeándome los sentimientos, o lanza el grito de retirada. Tengo un poco de miedo, si. Pero ese monstruo soy yo. Tengo qué curarme. Necesito curarme. Necesito ser claro para ver lo que sucede. Conmigo y con los otros. Lastimo. A los otros y a mí. Es eso o aceptar que soy como dice esa canción que me dedico un amigo, acerca de un chico-monstruo que se come el corazón de las personas.


Un abrazo amistoso de lejanía. Te mando el texto después.



* Fotografía: Robert Mapplethorpe

sábado, 25 de diciembre de 2010

Solidificación del Anhelo Amoroso como segunda fase de la Trasmutación Alquímica del Metal en Oro


Ser dócil para ser perfecto, no era oro lo que perseguían los alquimistas. 
He tratado de sobreponerme. De salir a flote y respirar sol con sal por los ojos.
Me quedé ciego. Perdí mi oído izquierdo. Había sirenas que cantaban con desdén y parsimonia.
Una vez también me volví tigre. Casandra me indujo al trance. Y arrastrándome por las duelas de madera mal pintada, corrí por mi vida, protegiéndome del cazador que venía detrás de mí. No era el oro lo que perseguía. No eran los dientes, ni el furor, ni el reconocimiento de obtener y subyugar. No era la vida lo que me estaba quitando, cuando corría huellas atrás, decidido a conquistar.

Es entonces cuando se  llega a un punto seco en medio de la extensa sabana. Sin árboles ni sombras. Y bestia caes. Medio hombre, medio fiera. Y te desangras, resentido y lleno de dudas, percibiendo tibia, como la vida se derrama en un charco carmesí alrededor tuyo. No dejes de jadear. Así, así, así es como me gustas. No dejes de jadear.

Soy un hombre tratando de mezclar todo lo que sabe y conoce, todo lo que sueña, a todo lo que aspira. Un poco de lo que teme. Otro tanto de lo que no quiere desprenderse. Gotas dulces y sudor seco.
Solo y recluido, dentro de su muy capa de gruesas costras. Protegido con talismanes en el cuello, y marcas en la piel que rezan leyendas de antiguos dioses que jamás pudieron ser héroes. Ahora deduzco que tú podrías ser mi primera medalla: La gran primera herida.


Y te curo. Y te procuro. Te cubro con paños limpios cada vez que puedo. Te cuento historias de gente que lo tenía todo. De hombres simples que no sabiendo por qué, encontraron el camino y llegaron al final, evaporados de luz, desintegrándose no como el polvo de un cadáver, sino como la lluvia que no se encharca. Como el agua que fecunda la tierra y la preña de flores y arbustos.
Me escuchas en silencio. No reaccionas, pero sé que lo estás recibiendo. Te beso a lengüetadas, con la aspereza tierna de mi lengua felina. Tomo tiempo para respirar, para sacarme los demonios del pecho. Para no contaminarte de imprudencia mi saliva, la que esparzo sobre ti, con el afán de de que sanes, pero sin desaparecer.

He recurrido a todo. De lo onírico a lo mundano. Del cero al cien, atravesando el infinito. He caminado por todas partes. Incluso conocí a una mujer que me pidió las llaves del ático que tengo en la cabeza. Sos un tigre asustado, me ha dicho. Un tigre desangrándose que no quiere dejar de respirar. Yo me paré indignado. Cómo es posible que me haya dicho tal cosa. Como puedo concebir que no he podido seguir corriendo…

Ya tomé. Ya bebí. Ya solté y ya me aferré al sueño. Trato de sintonizar. De ser enfermizamente positivo. Tanto de ecualizar como de perderme en el arrebato sin sentido. Ya descubrí la lógica. Desenredé la maraña. Ya pinté mi cara y me borré las facciones. No sé lo que sigue… No sé lo que sigue…

Le he pedido a la luna roja que me quite los placeres de encima. Le he contado mi historia, y hasta he aullado sin lágrimas, en un piso alto de algún devoto edificio. Le hablé de ti. Le dije que eras la mejor, la más grande,  la herida de la que más orgulloso me siento. Le dije que no voy a permitir que te conviertas en una condecoración de lo que no pudiste ser. No hay renuncia, ni marcha atrás. Si el hecho de sanar implica que desaparezcas, puedo declararme un eterno herido, como la cicatriz del labio que no he querido cerrar…

Quédense con todo el oro. Con la piel a rayas. Con la sangre si quieren. Con la vida y la victoria. Con el trofeo, y las sonrisas, y la vana-gloria de quien obtiene lo que quiere. Estoy aburrido, harto de la alquimia. De mezclar y revolver, y confundir, y especular, y procurar heridas. Quédense con todo, porque a mi nada de eso me sirve ahora.

Y vos… vos podés hacer lo que quieras. Pero quédate conmigo.
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* Imagen: Walton Ford. Hyrcania
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